28 julio 2006

El blog de la Primera Hija


Este es un hallazgo de Caretas: Queloide, el blog de Carla García Buscaglia, la primera hija del Presidente de la República.

Evidentemente, Queloide no es un blog político ni por asomo. Es más bien el típico blog-diario-personal, sólo que bien escrito y mejor sentido. Un extracto:

EL BUEN AMANTE JAMAS SE ENAMORA

Así decía el parachoques de un micro guinda que me cerraba el paso en la calle bolognesi, miraflores. Dicha afirmación tira al suelo mi pasado, presente y futuro amoroso por dos evidentes razones:

-El, como buen amante, no se va a enamorar de mí.
-Yo, cuando me enamoro, no soy buena amante.
Claaaaro, es business OR pleasure.
Ahora sí lo tengo todo claro.
La voz del pueblo es la vox dei.

Hurm.

Si quieren conocer más sobre Carla, lean esta entrevista de La República.

Si quieren saber qué es un quiloide, hagan clic.

Si quieren postular para Primer Yerno de La Nación, acá está el profile de Carla. Suerte; sé de buenísima fuente que Alan es recontra celoso.

8 Comentarios:

Anonymous Laslo dijo...

bacan. ¿tendran blog las hijas garcia-nores? a ellas si les caerían más fanes.

10:19 p. m.  
Blogger Sir Faxx von Raven dijo...

manya por esas cosas de los links de los links de los links yo la leía hace algún tiempo sin saber quien era, y sí, tiene un estilo mostro.

pero mi estimado amigo marco, no entiendo cuál es el objeto de este post.

12:42 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Esto haría si fuera presidenta.... Y ahora que está más cerca del poder??

Ya que le gusta espiar los cajones del prójimo... le gustará chuponear las conversaciones del ciudadano?

3:07 a. m.  
Anonymous Jomra dijo...

Saludos

¿Tendrá que retirar su bitácora? O al menos la posibilidad de comentar, porque se verá sometida a ataques varios si los detractores más fanáticos se enteran del mismo... En fin, que han fastidiado la bitácora de la chica, dudo que ahora pueda publicar con entera libertad (aunque, si su progenitor sabe de la bitácora, dudo que tenga esa entera libertad, al menos en cuanto a política, campañas y trapicheos que oiga)...

Por otro lado, a sabiendas que usted hizo de Sombralan ¿Gileó a la señorita García y el padre le pegó una buena patada -conforme a las tradiciones-? :P

Hasta Luego ;)

3:15 a. m.  
Anonymous Sebastian Anderde dijo...

El tráfico, no los tráficos (pajazo 1)
Impertérrito, el corpulento policía de tránsito dirige el congestionado tráfico de vehículos en el cruce de dos de las avenidas más concurridas de la ciudad. Mueve su vigoroso brazo derecho para dejar pasar a los automoviles que atravezarían veloces la vía principal si no tuvieran otros carros pujando delante. Su amplia barriga se agita levemente cuando agita el brazo que culmina en su mano oculta por un guante de cuero negro. Los conductores que se impacientan tras el crucero peatonal, de ese sector de la vía principal, observan a los carros de la ruta perpendicular deslizarse ante ellos, penetrar en su camino y romper su rumbo hacia el otro lado, libres del control policial. Los minutos pasan; se hacen largos, gruesos, y se llenan del estruendo de los claxons que gritan la desesperación de los conductores que alcanzan el punto de ebullición en sus asientos que ya les pican las nalgas que van a derretirse; sin embargo, el macizo policía de tránsito continua ausente como un gran totem, agitando su guante de cuero. ¿Dónde está ahora el horizonte? ¿Dónde el viento?

Un portazo quiebra la modorra; alguien camina entre los autos que rezuman gasolina consumida y la espera no escuchada que no cesa; el sol se ha asentado comodón allí; los zapatos suenan firmes sobre el asfalto, apuntan. Los claxons siguen amplificando las exigencias pero el corpulento policía, el conjunto de edificios que da sombra al centro de la ciudad, no detiene el movimiento de su lejano guante de cuero. Entonces, ante los autos detenidos sobre el crucero peatonal aparece el cuerpo delineado de esos pasos; sin embargo, el policía no la ve o no se entera de su existencia y ¿qué puede hacer una mujer? ¿QUÉ puede hacer una mujer? lo agregan a su rutina los conductores. Igual, no se responden o, mejor dicho, no tienen interés en hacerlo hasta que el sonido de los zapatos se dispara para alcanzar el centro de la pista.
- ¡Señor, estamos esperando!
- Señorita, por favor, regrese a su automóvil.
- ¡Señor, hace rato que nos tiene detenidos, hasta cuándo nos va a tener plantados aquí!
- Señorita, yo sé lo que estoy haciendo, déjeme hacer mi trabajo, regrese a su automóvil o la acusaré de desacato al poder policial.
- ¡¿Desacato?! ¡¿Desacato?!
De pronto, pareciera que el signo de la negación o de la incredulidad de ella, agitando la cabeza a los lados, marcara el movimiento de los autos en la vía perpendicular. Esto no se puede quedar así, hay que rematarlo. Mira de arriba a abajo y otra vez de regreso a arriba el cuerpo grande del policía en todo su esplendor autoritario.
- ¡Esto es lo que quiere ¿no?!
El policía no llega a responder con una pregunta porque todos sus pensamientos se rinden ante el estremecimiento que surge del contacto de la mano de ella con su abultada entrepierna; mano que aprieta y busca la forma bajo el uniforme verdoso.
- ¿qué hace, no...
Puede detenerla o saber a dónde llegará con todo esto; ella sigue hacia abajo, corre la cremallera, hacia adentro y al fondo: hasta lo más profundo de la autoridad policial que no es tan profundo y que él siente como un punto blanco y frío que se calienta con la rápidez de un auto en una carrera de piques que deberíamos detener ya pero espérate que quiero ver cómo es la cosa. No la puede contener, no puede detenerla bajo su uniforme; ella lo sabe y suelta la correa, desabrocha el botón y ya ve los calzoncillos oscuros extendidos más allá de su capacidad que es díficil de determinar porque ella jala el elástico, remolinos entre sus dedos, para que, como dice la canción, su interior esté fuera como recostado a lo amplio de un diván que es la palma cálida de la mano de ella en la cita con el psicólogo. Su exterior resplandece ahora como el mismo sol que calienta a todos en sus asientos.
- Señorita, por fa...
Lo tiene entre sus manos, caliente y sudoroso, desarrollándose a la velocidad de un asteroide "maligno" que se estrellará contra el planeta en este momento. Lo mueve todo de tal manera que ya no sabe. ¿Dónde estoy? ¿Qué me está pasando?. Ella se inclina como una reina magnánima orgullosa del crecimiento de su pueblo y muestra al mundo su extremo más blando. Sin embargo, nadie más que ella lo puede ver, pues ella es todo el mundo. Es sólo suyo. En otra dimensión los claxons aullan el no estar de la autoridad policial aunque el centro de la escena los está moviendo de su sitio, a pesar de que los autos no se han movido ni un paso. Sólo ella lo puede ver, es todo suyo y no va a compartirlo con nadie; así que se lo lleva a la boca y se lo traga. El policía siente un gran calor en sus manos y se despoja de sus guantes de cuero ¿Qué hace?

Una caricia continua, un masaje circular que lo hace el centro del universo aunque éste no llegue más allá de los autos que podría divisar si abriera los ojos. El sudor fluye por su cuerpo como los autos sobre el asfalto, ¿los autos? el sudor recorre su espalda, sólo la recorre y recorre y redundemos otra vez, recorre, no importa como qué porque sobre nosotros no hay más que nubes y lo que está entre ellas o lo que está entre las nubes y las nubes que están entre eso que está entre ellas. Una gota de sudor baja por su omoplato y desciende por su espalda, la corta o no porque eso ya está muy usado y decirlo también lo está y su cuerpo ¿dónde está? ¿dónde está ahora? ¿cuándo es ahora? Ahora: me estoy acercando, estoy llegando, un poco más, un poquito, está cerca, ya, ya, ya, ya no está.

Ella escupe sobre la pista y lanza un suspiro. Los claxons, los sonidos entreverándose, los choferes que quisieran revolcar sus autos con los de los otros en la idea de que sólo así avanzaran, el calor, el ardiente centro de la Tierra en la que se ha convertido el policía que se disuelve en la contradicción de ser eso y estarse derritiendo en el fondo. Este ardor en su rostro es real pero también lo es el frio que sale del resto de su cuerpo. Alcanza a detener el fluido perpendicular de los autos para dar pase a los que estaban esperando hace ya; sin embargo, no logra detener su anegarse.

3:30 a. m.  
Blogger Sebastián Anderde dijo...

Vaya, vaya; creí que sería yo mismo quien se encargaría de clonarme. Supongo que me hago publicidad cuando hago comentarios (como cualquier bloguero que comenta) pero nunca caería tan bajo como para poner los textos que nadie lee en mi blog ¡HORROR! ¡Qué asco!

4:03 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Todo está bien pero el link del blog es un asco, como decir pus o costra, ajjjjjjjjj

9:38 p. m.  
Blogger ocraM dijo...

FAXX: Curiosamente, dejaste registro de tu paso por Queloide en el único post de La Primera Hija dedicado a su papi:

http://queloide.blogspot.com/2006/02/el-diario-diario.html

JOMRA: El trabajo y el placer deben estar separados. Además, yo no choco con mis patas. Ejem.

SEBASTIAN: ¿Ah?

4:49 p. m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal