15 setiembre 2006

El último post del asesino de Montreal

Primero, algo de información para los que no saben la historia:

MONTREAL (AFP).- El autor de los disparos en un instituto preuniversitario de Montreal el miércoles -con saldo de dos muertos- era un joven de 25 años amante de las armas y la cultura gótica, cuyo blog decía que detestaba a la humanidad y que quería morir ”bajo una lluvia de balas”.

El pistolero, identificado como Kimveer Gill, se consideraba un ”ángel de la muerte” y escribía en la página web vampirefreaks.com, bajo el nombre de ”Trench”.
Después del asesinato y la murte de Trench, los buenos chicos de vampirefreaks se bajaron la página. Pero lo que está circulando en la blogósfera es la otra identidad online de Gill: fatality666. Aprovechen para verla en su site original mientras no llega a los medios masivos.

Además, un alemán ha rescatado el último post de fatality666, subido el 13 de setiembre.

Curioso. Miren lo último que escribe este demente:
P.S. When i call people "niggah's" in my journals.....it doesn't have anything to do with their skin color. I call white people niggahs too, it's just fun.
No sé por qué esto me recuerda a la justificación del término "marrón" que utilizaban mis amigos lagartos (cuando lo usaban; porque lo han abandonado, felizmente).

Link: Blog paints chilling portrait of 'Angel of Death' (Canadian TV)

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1 Comentarios:

Blogger Unknown dijo...

Marco, con desparpajo utilizo tu espacio para hablar de un tema que no debe quedar ajeno a los buenos periodistas. No se que opinion tenias de la Fallaci, pero ahora que ha muerto creo que se le debe recordar. Aqui un texto mas que improvisado sobre el tema. Quiza tu que sabes mas de este lenguaje bloggero puedas (si te provoca) hacer algo mejor, con links a notas y esas cosas a las que nos tienes acostumbrados. Ahi te va,

A.

Hasta siempre, Fallaci

Ha muerto, a los 77 años, en su querida Florencia, Oriana Fallaci, quizá el último paradigma del periodismo moral y comprometido. Murió de cáncer, un cáncer que la carcomía desde hace ya muchos años y contra el que luchó como nadie, pero también un cáncer que ella finalmente decidió dejar de enfrentar para poder decir lo que ella consideraba su verdad. En "Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci", su último libro, publicado en 2004, la escritora y periodista italiana reconoce que en algún momento tuvo que decidir entre escribir “La rabia y el orgullo”, su polémico libro post 11 de setiembre, y ser operada de los tumores que le habían renacido en la garganta. Y eligió lo primero, con todo el coraje del que es capaz un periodista. Cuando se publicó el libro y terminó el proceso, fue a Milán y el doctor le dijo: “No, ya no se puede”. Por eso ella ya sabía que iba a morir, no le temía a la muerte, pero si tenía unas ganas de vivir “porque es bello vivir aunque la vida sea fea”, como escribió en su última entrega de la trilogía sobre el Islam, el terrorismo, la guerra, Irak, Bush, Italia y el mundo que se nos viene y, claro, el “cáncer que corroe nuestro mundo como corroe mi cuerpo en estos momentos”.

Oriana Fallaci significó mucho para mí como estudiante de periodismo. Lei vorazmente su libro de 500 páginas de entrevistas a líderes importantes del mundo: Kissinger, quien ha dicho que fue la entrevista más horrorosa que dio en su vida –por lo que la Fallaci le hizo decir-, Arafat, el Sha, el emperador de Etiopía, Willy Brandt, no hay personaje importante que no haya desfilado por la pasarela de su pluma, por la aguda descripción de sus palabras, por sus preguntas mordaces, ni ella misma en su Oriana entrevista a Oriana.

Se le puede criticar de muchas cosas, de extremista al final de sus días, por ejemplo, pero qué importa. Nos ha entregado joyas del periodismo-literatura, como Nada y así sea, quizá el libro que mejor plasme lo que sucedió en Vietnam, desde ambas trincheras, metiéndose en el pellejo de los soldados americanos, pero también en el de los vietcongs. O el libro sobre su pareja, Alekos Panagoulis, Un hombre, donde relata la trágica historia de este poeta rebelde en Grecia, sus cinco años de prisión y de cómo fue asesinado.

Oriana Fallaci se ha ido y con ella se ha ido un pedazo de la conciencia moral de todo el mundo, hayamos estado de acuerdo o no con sus telúricas ideas. Una leyenda del periodismo ha partido, y sobre todo una mujer valiente, con un corazón gigante. Si Panagoulis viviera sin duda escribiría un libro titulado “Una mujer” como Oriana hizo con él cuando este murió. El mundo le rinde honores, sus detractores incluso deben estar admirándola en secreto y sus enemigos, en estos últimos momentos de su vida, todo el mundo islámico, deben respirar tranquilos pues la espada que era su pluma está descansando en paz. Nos quedan sin embargo sus libros, para releerlos cuantas veces sea necesarios.

En "La fuerza la razón", Fallaci escribió: Como hacía de joven, cuando la ortiga invadía mi país, cuando la hiedra lo sofocaba. Y ningún juglar que me grita ahora en las plazas, ningún lansquenete que pisotea mi foto en la tele, ninguna orca cruel que me golpea con el yelmo en la cabeza y se ríe de mi enfermedad conseguirá nunca impedírmelo. Ninguna manifestación de bribones que caminan con carteles en los que han escrito Oriana, puta o Fallaci, belicista conseguirá jamás intimidarme y hacerme callar. Ningún hijo de Alá que invita a castigar-a-la-perra-infiel conseguirá jamás amedrentarme o cansarme. Jamás. Aunque esté en el atardecer de mi vida y ya no tenga la energía física de la juventud. Porque es un atardecer que espero vivir y beber hasta la última gota.

Y lo hizo.

4:24 p. m.  

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